Menú del día

VeggieRunners en Facebook. Unete   Sigue a VeggieRunnersES en Twitter

¿Quién está conectado?
Tenemos 9 invitados conectado
Calendario de Eventos
Mayo 2013
L M X J V S D
29 30 1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31 1 2
Junio 2013
L M X J V S D
27 28 29 30 31 1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
Home
Banner
Crónicas

 

37 SCHNEIDER ELECTRIC PARIS MARATHON 2013

 

Par.s.Marat.n.1No pisaba París desde hacía veinte años y aquí estaba de nuevo, en un día gris, tirando a frío, más invernal que de primavera. Emoción, incertidumbre y nervios por ver todo lo que pueda, disfrutar, llegar a esa meta. En tres semanas me he recuperado decentemente de la maratón de Barna, pero sigo sin pasar de bici o elíptica, meses sin entrenar corriendo de verdad.

La feria del corredor, Puerta de Versalles, está en las últimas. Busco sin éxito una tobillera adecuada, o unas medias compresivas, algún tipo de amuleto, accesorio o fetiche que me proteja en la carrera... Al final me conformo con unos batidos en directo que obsequia Mizuno, y un par de chatos de Oporto que me achispan y hacen fantasear con la futura 42k lusa.

Se iluminan las calles de París, su omnipresente torre y los aromas a gofres y crêppes, más apetecibles si cabe con el fresco. Nos dejamos enredar por souvenirs hasta que el hambre vence, y en el hotel nos recomiendan un hindú muy cerca, donde suelen ir los clientes vegetarianos. Así que no perdono, junto a otras delicias compartidas y especiadas, un sabroso arroz basmati que quemaré al día siguiente.

El domingo desayuno a hurtadillas a las 5am, con abundancia en muesli, fruta y galletas. Los nervios y el picante vespertino no me dejaron dormir mucho, pero la ilusión me sube la moral por las nubes, nubes que misteriosamente abandonan París cuando sale el sol. Me ha dado tiempo de ultimar todos los detalles, ir más veces al lavabo y, contra mi costumbre, tomo un té verde de regalo para que me caliente hasta la salida.

El metro es un bullicioso y exótico babel de deportistas rumbo a los Champs-Elyseés, arco de salida, aunque la primera parada es para cambiarse, más arriba del Arco de Triunfo, en la meta. Después de pasillos y escalinatas de aquí para allá salimos a la gran avenida. El día se presenta magnífico, pero todavía fresquito, unos siete grados. Quedamos en un punto y a una hora realista, fotos y besitos de rigor y a calentar la veguiseta. En diez minutos he de llegar al cajón y salir. Por delante está el imponente arco, y los Camps copados del festín de atletas venidos de todas partes, en un río de 40 mil almas que se pierde en la lejana visión del obelisco egipcio.

La salida se hace esperar, hay retraso, pero no importa. Estoy feliz, vivo el momento, me estiro, escucho música y animación, ¡estoy en París, en un evento único! Arrancamos con buen sol, y presto atención al asfalto, inundado de los ponchos de plástico que dio la organización el día anterior, y otra marabunta de prendas de abrigo viejas, cuyos dueños dejan de recuerdo: tropezar es fácil y peligroso. Superada la precaución inicial de obstáculos y muchedumbre, sigo la corriente hacia la Place de la Concorde, los jardines de las Tullerías, el Louvre. Todo es monumental, preciosista, inspirador, lleno de brillo e historia. Corro con calma, mirando en detalle a cada lado, no quiero que se acabe nunca este esplendor, no me duele nada ni pretendo hazañas, sólo disfruto. A pocos metros el ritmo tranquilo de la liebre de 4hs., pero ay de mí, el frío y el té me obligan a buscar una esquinita diurética. Pasaré de largo el botellín del k5, plaza de la Bastilla, y sigo embelesado en monumentos, tiendas de rótulos antiguos y elegantes, la animación general, gentío que aplaude, pancartas y músicos, pura fiesta. La liebre sigue ahí, a mano, pero antes del k10 vuelve a entrarme otro apretón urinario. 

Entramos en el bosque de Vincennes, primera botella, primeras subidas, suaves, con el castillo del mismo nombre de fondo. Recupero, con algo de esfuerzo, el paso de las 4hs., y me concentro en correr y respirar. Aumenta el calor y el paisaje se vuelve arbolado y primaveral, aunque con restos de humedad de la noche; bosque urbano amplio y dormido, que invita al jogging con el perro, al suplemento dominical en un banco, o a ver pasar el tiempo y sus corredores. Pasamos junto al hipódromo en el k15, bandas de música victorianas y un grupo que se releva portando una torre Eiffel de 2m., rezagados costaleros. Aprovecho y como la fruta despacio, hay muchos brazos para avituallarse y el suelo es un mar de cáscaras. Volver a por la liebre se hace un juego divertido, me siento bien, sin molestias, despejado hasta el k20 y de vuelta hacia el centro de París.

Hay un camino ascendente que se prolonga varios km, en dirección de nuevo a la Bastilla. El público inunda las calles lo mismo que el sol, y un repentino bochorno aumenta el cansancio. Los botellines son mitad ingeridos, mitad ducha, aguanto, con menos pistonada, al paso por Notre-Dame. Se suceden los túneles bajo los puentes del Sena, griterío y cachondeo, subimos y bajamos, hay que sonreír aunque mengüen las fuerzas, aquí nadie para, todo anima a seguir ¡allez, allez! ¿Dónde está la liebre? Respiración, kilómetro a kilómetro, apuro mis ahorrillos de plátano seco y orejones. 

Explanada des Invalides, la torre Eiffel nos saluda y nos permite descender a la gran avenida JFK, he recuperado fuerzas y superado el k30 sin darme cuenta, ni rastro de muro y, para mi sorpresa, estoy a punto de adelantar a la liebre perdida... Freno y me preparo, la milla 20 veo un campo de masajistas y acalambrados. Toco madera y pongo atención, dicen algunos que aquí comienza de verdad la carrera, serán los que ahora incrementan el ritmo (!). Yo no tengo clara ni la llegada, y la rodillera como un puñal, amén de una rozadura en el meñique izquierdo, reclaman protagonismo. Entramos en el bosque de Boulogne y me saluda un español, que conoce nuestra camiseta, pero no estoy para conversaciones ni él para esperas, ¡suerte!

Siento un pinchazo en el cuádriceps siniestro, y quiero aguantar un poco más, próxima parada, k35. Esto ya se parece a un muro. Un buen árbol me cobija, y evacuo, estiro, cojo aire, ¡adiós, querida liebre, fue bonito mientras duró! Hay que caminar y comer un poco, y agradezco un bizcochito de limosna que ofrece de una cesta un tipo disfrazado de tirolés. Ahora el problema es arrancar, porque se juntan todos los dolores y las piernas se niegan. Ensayo un ritmillo entre correr en el sitio y marcha atlética, y parece increíble pero funciona, y así puede que hasta llegue entero. Desfilamos frente a las pistas de Roland Garros, ¡vamos, Rafa!

Sólo se ve parque, vítores y aplausos, participantes que casi pueden correr, y nada que anticipe la meta. Sé que no puedo parar ahora, aunque me lo reclame el alma a cada minuto, y qué largos se hacen el k39, el k40... El ansiado k41 es una pendiente maligna para salir del Bois, y animo o asusto con un grito de rabia a uno que veo doblar las rodillas (pardon...) ¡Por fin aparece la gran ciudad!

Una recta inmensa colmada de público se pierde cuesta abajo con el Arc de Triomphe al fondo. Las emociones ocupan un primer plano, voy a cumplir un sueño, nada puede impedirlo, aunque ese último kilómetro parece abarcar la distancia de otro París entero. Algunos esprintan con desgarbo cómicos, otros lloran, suben los brazos, yo no puedo borrarme la sonrisa, la felicidad completa, que dure todo lo posible. Me recreo en la meta, zampo sin límite naranjas, bananas, pasas, el mundo. En breve me encontraré con mi mujer y mi hijo para abrazarlos y se me saltarán las lágrimas.

En menos de un mes he completado dos maratones, las primeras, en dos bellísimas ciudades, Barcelona y París. Ahí siguen mis lesiones y achaques, es hora de recuperarse en serio y dejar la competición una temporada. Ha sido mágico, imborrable. Por encima de dificultades, dolor, miedos e incertidumbre, con crisis o en bancarrota, con amigos o en solitario, con buen o mal tiempo, o aunque unos malnacidos amenacen con volarlo todo: vive, sigue corriendo.

 

Ultima actualización (Jueves 25 de Abril de 2013 23:35)

 
Crónicas

Sierra-de-Tramontana

Lo primero que quiero decir y lo más importante es que no importan los km, ni las horas, es la ilusión, las ganas de superación  que pone cada persona para conseguir su sueño. Dicho esto empezaré por mi sueño conseguido 1 año y cuatro meses...

Tengo que empezar contando que el año pasado me apunte en la misma carrera llevaba 4 meses corriendo  ( empecé andando como todos) tenía un montón de ilusión y km de entrenos pero con eso no basta... no, no basta y me apunté y pasó lo que tenía que pasar... me tuve que retirar no estaba preparado físicamente y mentalmente.... 

 

perfil st1d07

 

 

-Salida...12 de la noche Andraxt—concentrado, casi emocionado, acojonado----vamossss chilla la gente  vamossssss... cuenta atrás 10-9-8-7-6-un silencio increible-5-4-3-2-1- vamos chicos comienza la ultra-trail sierra de Tramuntana vamossssss-- tenía los pelos de punta y a correr. Decidí empezar a tirar y tirar para quitarme los nervios y todo...llevaba unas 3 horas y me encontraba muy bien y decidí seguir tirando no saqué los bastones me encontraba que era mi día… y seguí tirando en un avituallamiento me encuentro a un amigo y decido quedarme con él,  él no corría y saque los palos y ahora toca descansar caminando a un buen ritmo... mire el reloj y llevaba 7 horas, mi amigo llamaba por teléfono a otro compañero y lo teníamos detrás, decide esperarlo… y al final decidí seguir solo... guarde los palos y me puse a correr... concentradísimo... tan concentrado en el camino que no me fije en las señales… y me perdí -entre 45 min 1 hora, horrible, entré justo en el tiempo, era el último o casi el último-, vuelta a empezar, 12 horas y sigo tirando volviendo adelantar otra vez a la misma gente, encuentro a mis amigos y decido parar y sacar los palos y descansar un poco. Mi compañero tiene un esguince y un sitio peligroso, una bajada espectacular... tuvimos que bajar el ritmo sólo tenía una pequeña molestia y decide seguir.

 

Ultima actualización (Martes 23 de Abril de 2013 20:04)

 
Crónicas

asempa2013

Gijón, 30 de marzo de 2013

    Antes de hablar de la carrera del sábado, quiero poneros un poquito en antecedentes, así que voy a contaros algo de mi vida (seré breve, lo prometo)

    Imaginaos a una niña gordita (sí, me encantaba comer) y con poca coordinación, que vivía en plena ciudad y cuya actividad al aire libre era, digamos, nula. Pues así era yo. Baste contaros como anécdota que a los 6 años o así me apunté a un curso de natación y creo que soy la descubridora del crawl inverso: das brazadas hacia adelante, mientras tu cuerpo retrocede… Desde entonces odio a muerte esos ganchos metálicos con los que los monitores sin escrúpulos te rescatan del agua, dejándote el orgullo en el fondo de la piscina.

    Mi alimentación, como ya os dije, nunca fue la más adecuada; y si a esto le añadimos que yo era la única de mi casa que solía tener unos kilitos de más, pues ya os podéis imaginar… Hasta que no me hice vegetariana no empecé a comer de forma sana y equilibrada.

    La verdad es que con todos estos antecedentes mi futuro debería haber sido horroroso. Pero yo, aunque no creo en dios ni en el destino, sí pienso que algún extraño azar puso en mi vida a personas maravillosas que me permitieron tomar otra alternativa. La primera, mi marido: sin él no sé dónde estaría ahora ni quién sería; también están mis hermanas, a las que quiero con locura y que me hacen intentar ser mejor persona. Y así, en cada época de mi vida fui conociendo a gente que me marcó y dejó su huella en mí y en mi carácter.

    Podría hablaros mi mejor amiga del instituto (ella sabe quién es), compañera infatigable de alegrías y tristezas; o de aquellas personas que supieron guiar mis pasos a lo largo de estos años. Pero hoy prefiero hablar de Marta. Para que luego digan que las nuevas tecnologías son frías y peligrosas… Si no fuese por Facebook nunca habría conocido a esta fantástica persona que, además, es vecina mía. Corredora incansable, disfruta como una niña de las carreras y de la montaña. Oír sus historias y ver el brillo de sus ojos es una verdadera gozada.

    Hace unas semanas (coincidiendo con mi 32 cumpleaños, snif) me dio un bajón terrible. Y aunque sigo pensando que mi cuerpo no está hecho para correr, las palabras de ánimo de Marta, y los rodajes que hacemos juntas muchos viernes, me han hecho recapacitar. Cada día estoy más segura que el running es un desafío mental. Y también un desafío a mi pecado vital: la pereza.
   
    Bueno, me centro ya y os cuento por fin cómo salió la carrera del sábado pasado. Era muy cortita, lo cual a mí me motivó bastante. Corríamos juntas las categorías juvenil, senior y veteranos a las 5 de la tarde, así que decidí bajar un poquito antes a recoger el dorsal y ver correr a los más peques. Mención especial para los bebés en la categoría de Chupetines, que corrían con el pañal puesto y algunos incluso con chupete. Me pareció fantástico ver familias de padres con sus hijos trotando juntos y chicos jóvenes de diferentes grupos de atletismo. Un ambiente muy sano para pasar una tarde de sábado apoyando una buena causa.

    No hacía mucho frío y aguantó sin llover, pero había bastante viento, sobre todo en una de las rectas. Cuando llegó Marta fuimos a calentar un poquito dejándole las mochilas tiradas de cualquier forma a mi marido, paciente sufridor y animador a partes iguales. A la hora de la salida yo ya iba bastante nerviosa a pesar de que no era mi primera carrera: ya había corrido la San Silvestre de Gijón y la del Barrio de la Sidra. Me coloqué a la cola del grupo y Marta a la cabeza. Me dijo muy convencida que notaba las piernas cansadas (había bajado corriendo desde su casa hasta la playa de Poniente para calentar los músculos), así que pensaba tomárselo con calma. Pues menos mal…

    A mí me costó mucho acabar, iba muy fatigada y pensé que me entraba el flato. Marta fue en el grupo de cabeza todo el rato, con una chica joven por delante que había empezado muy fuerte (casi al ritmo de los chicos) pero que no supo gestionar bien las fuerzas; ahí aprovechó para adelantar y entrar en meta con bastante ventaja. Acabó la primera en su categoría y en la absoluta de mujeres. Yo, mientras tanto, ahí iba casi arrastrándome, colorada y sin apenas respiración… Si no fuera por Marta, que nada más terminar me buscó y me acompañó en mi última vuelta, creo que no hubiera acabado corriendo, me habría parado a caminar. ¡¡Si es que es un amor!! Al final, por mi parte, me quedo con que corrí bastante más deprisa de lo que suelo en mis entrenamientos.

    Tras la carrera nos quedamos a la entrega de trofeos y al sorteo de varios lotes. Genial que no nos tocaran, casi todos contenían embutido… Y la parte mejor de todas: celebrar el esfuerzo con una cervecita. Aquí creo que soy mejor yo que Marta, jajajaja, o por lo menos andamos a la par.

Ultima actualización (Jueves 04 de Abril de 2013 07:22)

 
Crónicas

sabiFoto de Sabiñánigo gentileza de Jorge Viñuales, un figura con la cámara

- ¡No hay huevos!

- El castrado se ha apuntado.

Esta es la conversación que mantuve con Carlos, y su contestación, para que se apuntase a la media de Sabiñánigo.

Sabiñánigo es un pueblo fantástico, en la provincia de Huesca, a los pies de los Pirineos, buen sitio y mejor gente. Es allí donde se organiza la famosa cicloturista Quebrantahuesos y es allí donde se organiza la media más veterana de la provincia. Gran despliegue de voluntarios (gracias sois lo mejor), avituallamientos bien surtidos (agua, isotónicas, frutas, esponjas...), megafonía y locución en el trayecto por el pueblo y... 5 euros de inscripción, si, se puede.

Bueno, viendo que no hay excusa para no correr la siguiente edición, paso a contar los acontecimientos que sucedieron en ese día.

IMG 20130330 190857A las 10 amanece Carlos por mi pueblo (si es mi pueblo, soy un tipo con suerte) y nos juntamos los dos veggie chandals amarillos en la plaza, 12 grados y sol, no mucho viento, no hay mucho movimiento todavía, charramos un rato, y como de costumbre nos contamos nuestros padeceres, le digo que no voy más que a terminarla por una afección ciática que me está dando la lata la última semana, me dice que perfecto que viene conmigo, de liebre de la guarda, aaah y convenzo al "hombre frios" para que corra en tirantes.

Empieza la media, demasiado lanzados, echo el freno, Carlicos quejándose de frío y cogiendo Sol siempre que era posible, que exagerao, a mi ya me sobraba todo hasta el Sol.

Van pasando los kms vamos en alegre charla y con un ritmo moderado, Carlos resobrao y yo midiendo lo que quedaba, no me veía suelto. 

Km 12, contra el aire 5 km, es el trozo que más sufro, mi liebre de la guarda se pone delante de mi para llevar un ritmo y cortarme el viento, lo primero conseguido, lo segundo...bueno Carlicos no es un armario ropero que es lo que hubiese deseado en ese momento... Pero con sus ánimos y sus cantos, (km 17, se pone a cantar "la chica del 17" que jodio!) me hacen sobreponerme un poco y a partir de 18, a favor del viento, recuperamos un poco de ritmo.

De allí a meta a gusto, última recta cuesta arriba, último esfuerzo para bajar de 1:50:05 ;-) yyyy, conseguido 1:50:04....cada uno tiene sus tiempos fetiche, a mi me gusta los xx' 05".

Abrazo en meta, reposición de fuerzas, ducha.... Y a comer, lo mejor del día, un buen plato vegano multicombinado, mis chavales recuerdan largo tiempo las comidas con Carlicos, nos echamos buenas risas.

Os he de decir una cosa más, he tenido unas agujetas bestiales, había entrenado razonablemente y no se si fue por el dolor ciático que corrí raro o por la copla de la chica del17 pero nunca había tenido agujetas durante 4 días....en fin, siempre hay una primera vez.

Veggies os espero a todos y todas en Sabiñánigo 2014.

 

 

 

Ultima actualización (Viernes 26 de Abril de 2013 18:31)

 
Crónicas

MaratBCN.2013

Han pasado ya dos semanas desde mi primera maratón. Tiempo suficiente para recuperarme algo y reflexionar. Afrontaba la para mí "gran prueba" todavía lesionado, con la rodilla débil y dos meses de elíptica, un poco de bici, natación..., nada de correr al aire libre. Sólo con una expectativa y una duda ¿puedo superarla?

Dos días antes pasé por la feria del corredor y pude animarme, vivir el ambiente de la competición, los escaparates con sus gadgets indispensables, las ofertas de todo tipo en material, suplementos alimenticios súper-naturales (pero no veganos, para variar) y los viajes y eventos venideros, que siempre despiertan el gusanillo, la ilusión por nuevos retos. Y con mi dorsal y las instrucciones de la carrera, no podía echarme atrás. La consigna: ir muy tranquilo, y hasta donde llegue, disfrutando, sin martirio inútil.

Madrugo y desayuno bien, yogur de soja, fruta y muesli, preparo bolsa y detalles, buena música y al metro: ¡abundan los corredores! Salgo con poco tiempo por delante, tampoco me apetece corretear, ya calentaré en 42 K. Eso sí, unos estiramientos suaves, y al cajón azul. El ambiente es impresionante sobre la plaza España, pese al día gris y la llovizna que cae; todo es emoción, y yo formo parte de este tinglado ¡por fin!

Confetti de salida con Queen, viva Barcelona, y salgo lo más calmado que puedo, dejo que todos pasen, que todos me adelanten, es vital ahorrar esfuerzo ahora. Además, de inicio ha un ascenso progresivo que termina con un rodeo al Camp Nou, en el K10. Entonces se ha despejado un poco el cielo y recojo el primer botellín. Estoy cansadete, ha subido la temperatura. No siento molestias de ningún tipo, la rodillera funciona, pero veo la liebre de 3'45 y me temo que he ido demasiado rápido con la misma relajación. Busco una referencia mejor. Un trío de daneses me hacen de parapeto, lentos, unidos y seguros, conversan y disfrutan la ciudad.

Mantengo ese ritmo y me distraigo con la variedad de nombres, países, consignas, camisetas y banderas. El público crece alrededor del recorrido, es fantástico pasar junto a la Sagrada Familia y sentir los aplausos, el griterío, la música del grupo de animación..., sin embargo, percibo una fatiga inusual, que me hace dudar el que acabe la prueba ¡no llevo ni la mitad! Hasta el k20, se perfila una recta interminable, una ida y vuelta a la Meridiana, una marea de corredores en diferente dirección a ambos lados, y cuesta motivarse con el castigo que llevan mis piernas, tanto que creo que mi muro acaba de empezar, y que sólo si llego al k25, inalcanzable en este momento, quizá supere la maratón.

Cuando por piedad salimos de la sufrida avenida, con la fálica torre espacial de Agbar de fondo, agarro los geles, el pogüereid, el agua, una esponja..., todo vale ya para seguir, y la verdad es que me reconforta. Debe de ser la chuta rápida de cafeína y azúcar, pero sigo adelante. De emergencia llevaba dátiles y plátano seco en el bolsillo, aunque lo reservo para el final, como pequeño premio. Ahora toca doblar la Diagonal y plantearse ir de cinco en cinco, conseguir otro avituallamiento, y que el cuerpo aguante. Por el camino me distraigo en la infinidad de mensajes, muchas proclamas independentistas, camisetas contra el cáncer, o enfermedades raras, corredores por un sueño, otros con la foto de un bebé, o de alguien que se ha ido..., y, ¡hasta un vegano! Pinta de adolescente británico gafapasta, nothing can stop veganism, me gustaría alcanzarlo y saludar, pero sus pasos son demasiado ligeros.

No sé si llega el mítico muro o no, temo que las rampas van a por mí y se finiquita mi carrera, así que bueno, la idea es llegar, y como voy a necesitar un lavabo después de tanta ingestión insana, y abundan los corredores que buscan cualquier esquinita y me dan ya envidia..., encuentro una palmera discreta, estiro un poco y me ajusto la rodillera, que se me clava a muerte con la hinchazón. He pasado más de media maratón, sigo en pie y aún puedo correr.

Paso por el k30, ¡gracias a la fruta! Devoro plátano y medias naranjas, camino tranquilamente, compruebo que los dolores en brazo y piernas son sostenibles, estiro un poco, ¡cinco más! El paisaje costero me anima, sé que queda menos. Forum, Por Olímpic, las torres Mapfre..., la multitud y los mensajes de ánimo impresionan, y siento no poder dar más de mí para corresponder. Pero sonrío, camino y estiro, disuelvo los posibles calambres, arranco despacito. Duro repecho en el Arco de Triunfo, un ratito a pie y otro caminando, luego habrá bajada desde Plaza Catalunya y mmm más fruta.

Sonrío y disfruto de lo que me rodea, como un héroe que vuelve a casa malherido. Colón está ahí delante, llega el k40, señala la meta. La larga recta hasta el final, la subida del Paralelo, sólo puede hacerse porque sabes que se acaba la carrera. El ambiente es inigualable, el significado y el calor de la gente hacen que todo empuje y no importa el dolor, las lesiones, lo que pase después. Cruzo la línea con una sonrisa y una satisfacción única, esto es increíble, vale la pena, no quiero marcharme de aquí.

Recibo la medalla oficial, mis 4h 10' son un milagro tal y como ha ido el día. Me planto en la mesa de comida y allí me quedo, ante la mirada atónita de los voluntarios: puede que diez naranjas, lo mismo en plátanos, unos puñados de fruos secos, el banquete de la victoria..., soy feliz, destruido, empapado, casi sin poder andar, soy feliz. No sé si superaré la próxima, este 7 de Abril, en París. Demasiado cerca, demasiado tocado. Pero estaré en la salida en busca de esa felicidad, tan rara, tan sufrida.

 

Ultima actualización (Lunes 01 de Abril de 2013 20:39)